Está ocurriendo, pero no en Río



Posted on 24 junio 2012  | 
Jim Leape, Director General de WWF Internacional
© WWF-Canon / Ezequiel ScagnettiEnlarge
Río de Janeiro- Durante las últimas dos semanas, representantes de todo el mundo estuvieron en Rio+20, la Conferencia de Desarrollo Sostenible de la ONU, para definir un plan de acción global que conduciría a la humanidad hacia un futuro limpio y verde.

Ellos fallaron. El documento que aceptaron el viernes es una caricatura de la diplomacia. “Reconoce” muchos retos y “anima” a una acción, pero hay pocos compromisos reales.

Estamos viviendo mucho más allá de nuestros medios. Estamos usando 50% más recursos de los que la Tierra puede proveer; si todos viviéramos como los estadounidenses o los europeos, necesitaríamos tres planetas. Sin embargo, hay una enorme cantidad de personas que no tiene lo suficiente para satisfacer sus necesidades básicas (cerca de mil millones de personas están desnutridas y otras mil cuatrocientas carecen de electricidad para iluminar sus casas).

La misión de la conferencia de Río era llevarnos por un camino diferente. Estaba propuesta para ser una conferencia sobre la vida, acerca de la creación de una ambición global para construir un futuro próspero que la Tierra pueda sostener.

Necesitábamos ver un compromiso que asegurara el acceso a la energía para todos y que fuera producida de fuentes renovables, que son limpias y abundantes. Necesitábamos un compromiso para que los gobiernos detuvieran los subsidios absurdos que nos llevan en la dirección equivocada –incluyendo US $ 750 mil millones que los gobiernos pagan anualmente para promover el uso de combustibles fósiles.

Necesitábamos compromisos de que los indicadores usados para medir el progreso, tales como el producto interno bruto, tuvieran en cuenta la salud de nuestro capital natural (los bosques, ríos y océanos de los que dependemos), así como de nuestro dinero. Necesitábamos una protección más fuerte de alta mar, de los bienes comunes de los océanos que son saqueados sin ton ni son recordando al salvaje oeste.

Pero nada de esto ocurrió. El texto que finalmente se acordó acá en Río es apenas una descripción del “futuro que queremos”, pero ni siquiera indica el camino que nos llevará hacia allá.

Sin embargo hay esperanza. Si uno miraba a su alrededor en Río la semana anterior, podía ver dónde estaba la verdadera acción –los gobiernos locales y nacionales, las compañías, las ONG y los sindicatos buscando la manera de encontrar el camino.

Los gobiernos están uniéndose en iniciativas regionales para administrar los recursos que comparten.

En el Triángulo de Coral, que se extiende desde Malasia e Indonesia hasta las Islas Salomón, los gobiernos han unido fuerzas para proteger los arrecifes más ricos del mundo, que proveen comida y bienestar para más de 100 millones de sus ciudadanos.

En el corazón verde de África, la cuenca del Congo, los países están trabajando en conjunto para controlar el comercio ilegal de madera y conservar la segunda selva tropical más grande del mundo.

Algunos países están tomando la iniciativa. En Río, el Presidente de Mozambique, Armando Guebuza anunció el lanzamiento de la Hoja de Ruta de Mozambique hacia la Economía Verde. El Presidente de México, Felipe Calderón, hace poco consiguió que se aprobara la primera ley de cambio climático en el mundo, la cual reducirá drásticamente las emisiones y será la base del sector de la energía renovable. La Canciller Angela Merkel se ha embarcado en la transformación del sistema de energía de Alemania, con la eliminación gradual de la energía nuclear, mientras se hace un tránsito decidido hacia fuentes renovables.

Los estados y las ciudades también avanzan. Aquí en Brasil, el estado amazónico de Acre está creando una verdadera economía verde, basada en el valor de los bosques en pie. En el “Pacto de la Ciudad de México”, más de 250 ciudades se comprometieron a medir, reducir y reportar sus emisiones de carbono.

Los gobiernos, la sociedad civil y las empresas están uniéndose para forjar un nuevo estilo de colaboraciones y de cambio. A través del Foro de Bienes de Consumo, por ejemplo, 20 de las más grandes empresas –incluyendo Unilever, Coca-Cola y Walmart– se han comprometido a eliminar la deforestación de sus cadenas de suministro, comprando solo carne, soya, aceite de palma, madera y papel que se produzcan sin destruir los bosques.

A través de la International Seafood Sustainability Foundation (ISSF), los mayores envasadores de atún del mundo (que abarcan el 60% del mercado), están trabajando con WWF y la ONU para terminar con la pesca ilegal y asegurar que el stock pesquero de atún nos alimentará por muchas generaciones. La Confederación Sindical Internacional está movilizando a sus miembros, que cuentan con US $ 25 billones en fondos de pensiones, para invertir en la creación de empleos verdes

Hay muchos más ejemplos y el potencial es enorme. Está claro que aquí es donde está la esperanza. Nosotros no tendremos ni el futuro que queremos ni el futuro que necesitamos, si solo esperamos a que 193 gobiernos se pongan de acuerdo sobre el camino a seguir. El éxito no resultará de las soluciones del mínimo común denominador.

Finalmente, tendremos que encontrar las maneras para que los gobiernos del mundo actúen en conjunto, especialmente frente a los retos globales, como el cambio climático. Pero mientras tanto, el liderazgo puede y debe venir de otros frentes; de hecho, de cada uno de los frentes. Y esto, precisamente, está empezando a ocurrir.
Jim Leape, Director General de WWF Internacional
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